CAPÍTULO 36

En el que se habla de las imágenes y de la ignorancia de ciertas personas sobre este punto.

 

1. Habría mucho que decir sobre la ignorancia de un gran número de personas en lo que respecta a las imágenes. La insensatez de algunos llega al punto de confiar más en una imagen que en otra, convencidos de que Dios les escuchará más a través de esta que de aquella, aunque ambas representen el mismo sujeto, como por ejemplo dos imágenes de Cristo o de la Virgen. Esto es porque están más apegados a una figura que a otra. Todo ello revela una profunda ignorancia en las relaciones con Dios y acerca del culto y el honor que le son debidos; en realidad, él solo mira a la fe y a la pureza del corazón de quien reza. Si Dios a veces concede más gracias a través de una imagen que de otra, no es porque la primera tenga mayor poder que la segunda, aunque su forma sea muy distinta, sino porque la devoción de las personas es más despierta por una que por otra. Si tuvieran la misma devoción por ambas, o incluso sin ninguna de las dos, recibirían las mismas gracias de Dios.
2. La razón, por tanto, por la que Dios realiza milagros y concede gracias a través de unas imágenes más que de otras, no es porque valgan más, sino únicamente por el hecho de que despiertan con mayor intensidad en los fieles la devoción adormecida y el amor a la oración. Por ello, como en tal caso y por medio de tal imagen se despierta la devoción y se intensifica la oración, únicas razones por las que Dios escucha y concede lo que le pedimos, así, por la oración y el amor despertados por aquella imagen, Dios continúa derramando gracias y obrando milagros a través de ella. Esta, en sí misma, no es otra cosa que una simple pintura, razón por la cual Dios actúa en virtud de la devoción y de la fe que se tiene al santo representado en la imagen. Por tanto, si tú tuvieras la misma devoción y la misma fe por la Virgen frente a una de sus imágenes más que a otra, o incluso sin imágenes, recibirías las mismas gracias. La propia experiencia demuestra que si Dios concede gracias y obra milagros, por lo general los hace a través de imágenes no muy bien esculpidas ni maravillosamente pintadas y representadas, para que los fieles no atribuyan tales gracias a la forma o a la pintura.
3. Muchas veces el Señor concede gracias a través de imágenes que se encuentran en lugares muy apartados y solitarios. En primer lugar, porque el mismo hecho de tener que desplazarse para verlas aumenta la devoción y hace más intenso el acto. En segundo lugar, porque, para orar, la gente se aleja del ruido, como hacía el Señor (Mt 14,23; Lc 6,12). Por eso, quien hace un peregrinaje, es bueno que lo haga cuando no hay otra gente, incluso en tiempos extraordinarios. Cuando hay mucha multitud, nunca se lo aconsejaría, porque, por lo general, se vuelve más distraído de lo que se partió. Muchos luego lo hacen más por recreo que por devoción. Así, pues, cuando hay devoción y fe, cualquier imagen es suficiente, pero si faltan la una y la otra, ninguna imagen será suficiente. El Señor era ciertamente una imagen viva cuando estaba en este mundo; sin embargo, aquellos que no tenían fe, aunque iban con él y veían sus obras maravillosas, no sacaban de ellas ningún provecho. Precisamente por eso, como dice el evangelista (Mt 13,58), no hizo muchos prodigios en su tierra.
4. En esta sede quiero hablar también de algunos efectos sobrenaturales que a veces determinadas imágenes provocan en ciertas personas. A algunas imágenes Dios concede una virtud particular, por la cual queda fijada en la mente la imagen y la devoción que ha suscitado en el espíritu, como si estuvieran presentes. Cada vez que uno se acuerda de ellas de repente, experimenta el mismo efecto, más o menos intenso, que cuando las vio por primera vez; otra imagen, en cambio, aunque esté hecha mejor, no producirá el mismo efecto.

5. Muchas personas, además, tienen más devoción por las imágenes hechas de una manera que de otra, y en algunos casos es solo cuestión de afecto o gusto natural. Por ejemplo, a alguien le gusta más el rostro de una persona que el de otra, se aferra a ella de manera más natural y la tendrá siempre presente en su imaginación, aunque no sea tan bella como las demás, porque tiene una atracción natural por ese tipo de forma y figura. Así, algunos pensarán que el afecto que sienten por una determinada imagen es devoción, cuando quizás es solo afecto y gusto natural. Otras veces ocurre que, al fijar la mirada en una imagen, la ven moverse, cambiar de fisonomía o hacer gestos como si quisiera comunicar algo y hablar. Estos hechos sobrenaturales de las imágenes, de los que hablamos, muy a menudo son realmente verdaderos y buenos, porque son provocados por Dios, ya sea para aumentar la devoción o para que el alma tenga un apoyo al que aferrarse en su debilidad y no perderse en las distracciones. Sin embargo, muchas veces también son obra del demonio para engañar y dañar al alma. Por todas estas razones, en el capítulo siguiente indicaré la línea de conducta a seguir en casos de este tipo.