Señor Jesucristo,
sumo y eterno Sacerdote,
aumenta en la comunidad cristiana la estima y el amor por el Sacerdocio.
Haz que no falten nunca jóvenes dispuestos y generosos
que respondan a Tu llamada
a servirte en la Iglesia con toda su vida.
Haz de ellos pastores según Tu corazón,
fuertes en las fatigas apostólicas y en las tribulaciones,
mansos en la caridad para ser presencia luminosa de Ti, buen Pastor.
Haz que se esfuercen por ser sacerdotes santos,
hombres maestros de oración,
seminadores de alegría,
testigos de caridad y de esperanza
para señalar a todos el camino del Cielo.
Te damos gracias por la gracia del Sacerdocio,
inmenso don para la Iglesia y para la humanidad,
señal de amor de Tu Corazón sacratísimo.
María Inmaculada, Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.