Padre Pio

de nombre secular Francisco Forgione, cuarto de ocho hermanos, è nació en Pietrelcina, pequeño pueblo de la Campania en la provincia de Benevento, de una familia campesina, laboriosa y piadosa.
Su padre Orazio y su madre Maria Giuseppa, devota de San Francisco, bautizaron al futuro padre Pio el día siguiente a su nacimiento, el 25 de mayo de 1887, en la iglesia de Santa Ana.

Como todos los niños de origen campesino, no pudo asistir regularmente a la escuela para ser útil a la familia. Con la ayuda del padre Domenico Tizzani, a los doce años obtuvo el título de primaria y pudo así continuar sus estudios de secundaria.

Su vocación a la vida consagrada estuvo marcada desde niño: dialogaba constantemente con su Ángel de la Guarda y a menudo se apartaba de sus compañeros de juego para tener momentos de oración en soledad. Pronto fue atraído por el hábito franciscano debido a las visitas esporádicas al pueblo para la limosna de fraile Camillo del monasterio de Morcone,

A la edad de 14 años presentó solicitud para ingresar como novicio en la Orden de San Francisco, pero tuvo que esperar hasta los 15 años para entrar en el convento, donde tomará el nombre de padre Pio.
Debido a problemas de salud, pasará mucho tiempo en familia, alternando períodos en el convento y retornos a la familia  
Completados los estudios, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910 en la catedral de Benevento, pero su salud siempre precaria le impidió vivir en el convento.
Padre Pio fue asistido constantemente por dos directores espirituales: los fenómenos místicos se intensificaron año tras año, afligido sin descanso por vejaciones diabólicas alternadas con éxtasis y visiones celestiales: fue evidente que Dios confió a padre Pio una gran misión para la salvación de muchas almas.

En septiembre de 1911 aparecen en las manos de padre Pio las estigmas ‘provisionales’, fenómeno muy doloroso que padre Pio intenta mantener oculto, informando sólo a los directores espirituales.

En julio de 1916 entra en el convento de San Giovanni Rotondo y permanecerá allí hasta el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1968.
Inmediatamente es encargado de enseñar y guiar espiritualmente a los novicios, pero pronto también muchas otras almas, fieles fuera del convento, piden dirección espiritual y padre Pio las atiende desde el confesionario y por correspondencia. Pronto nace el primer grupo de oración: en los años y en el mundo seguirán numerosos otros.

Debido a las malas condiciones de salud de padre Pio, es eximido del servicio militar en 1918 por el distrito de Benevento.

Los fenómenos místicos se suceden junto con luchas contra el maligno y en el intertanto asistimos a numerosas conversiones al Señor y también a curaciones físicas y milagros de todo tipo. Siguen peticiones a padre Pio de gracias de todo el mundo debido a la difusión en los periódicos de noticias extraordinarias ligadas a testimonios  de curaciones de almas y físicas en todas partes del mundo, incluso a distancia.

El 5 de agosto de 1918 padre Pio ve intensificarse la carga de la cruz que Jesús le pide llevar: recibe la visión de un Ángel que le lanza un dardo ardiente y recibe la ‘transverberación del corazón’: el 20 de septiembre de 1918 recibirá las ‘estigmas permanentes’.

Dura fue la lucha contra una parte de las autoridades eclesiásticas que veían en padre Pio comportamientos ilusionistas o, peor aún, presencias malignas en el fraile.
La persecución, a pesar de la benevolencia de los papas que se sucedieron, duró varios años por parte de la Santa Sede, hasta llegar a la suspensión ‘a Divinis’ por tres años:+, ordenando a padre Pio la suspensión de las confesiones y obligándolo a celebrar la Misa en privado.

Desde 1933 podrá reanudar la celebración de la Santa Misa en la iglesia y la confesión. Multitudes innumerables acuden a su confesionario: hombres políticos, militares, científicos, muchísimos enfermos en el espíritu. Una petición infinita de gracias especiales a un fraile herido en el espíritu y en el cuerpo, clavado durante catorce o más horas cada día al confesionario. Su fama se difunde por todo el mundo, los periódicos en todos los idiomas cuentan de sus milagros, del don de la introspección, perfumes  y bilocaciones: una multitud inmensa acude al convento de Pietrelcina y en todas partes del globo se multiplican los Grupos de Oración de padre Pio.

Las ofrendas de los fieles agradecidos por las gracias recibidas llegan copiosas al convento de San Giovanni Rotondo y padre Pio el 5 de mayo de 1958 podrá inaugurar el hospital ‘Casa de Alivio del Sufrimiento’ contiguo al convento, aún hoy monumento emblema de la fe en la Providencia Divina e instrumento de caridad hacia los pobres y sufrientes, nacido en una zona deprimida de Italia, ejemplo de Sanidad Pública eficiente y centro de Investigación Médica de vanguardia renombrado en el mundo científico.
Es además, Casa de Alivio del Sufrimiento, Escuela altamente profesional de formación especializada para el personal médico y enfermero.
También desde el punto de vista de la gestión bioalimentaria, presume de la producción propia de verduras, carne y quesos y vino del territorio propio de la Casa de Alivio del Sufrimiento.

Padre Pio al despedirse de este mundo el 23 de septiembre de 1968, deja una inmensa herencia espiritual y de caridad concreta, que, como él mismo dejó dicho  y escrito: la Providencia no se agotará con su partida.

El 16 de junio de 2002 Su Santidad Juan Pablo II proclama a Padre Pio SANTO y en el Calendario Romano se inserta el 23 de septiembre la memoria litúrgica de San Pío de Pietrelcina.