Primer misterio glorioso

La resurrección de Jesús

 
Transcurrido el sábado, María Magdalena, María de Jacobo y Salomé, de madrugada, fueron al sepulcro. Al entrar, vieron a un joven, sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se espantaron. Pero él les dijo: «No tengáis miedo. Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí» (Mc 16, 5-6).

Padre nuestro, 10 Ave María, Gloria



 

Segundo misterio glorioso


La ascensión de Jesús al cielo

Entonces los llevó fuera de Betania y, alzando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén llenos de alegría, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios (Lc 24, 50-52).

Padre nuestro, 10 Ave María, Gloria
 



 
Tercer misterio glorioso

La venida del Espíritu Santo sobre María Virgen y los apóstoles reunidos en el Cenáculo
 
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes en un mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; y quedaron todos llenos del Espíritu Santo (Hch 2, 1-4).

Padre nuestro, 10 Ave María, Gloria



 
Cuarto misterio glorioso

La asunción de María Virgen al cielo
 
Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que duermen. Porque, así como por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos; y, del mismo modo que todos mueren en Adán, también todos serán vivificados en Cristo. Pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, cuando él venga, los que son de Cristo (1 Cor 15, 20-25).

Padre nuestro, 10 Ave María, Gloria



 
Quinto misterio glorioso

La coronación de María Santísima, Reina del cielo y de la tierra
 
Entonces se vio en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba con dolores de parto. Y dio a luz un hijo varón, que ha de gobernar todas las naciones (Ap 12, 1-5).

Padre nuestro, 10 Ave María, Gloria



 
Salve, Reina

Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, te saludamos. A ti recurrimos, exiliados hijos de Eva: a ti suspiramos, gemiendo y llorando en esta valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Amén.

Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que duermen. Porque, así como por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos; y, del mismo modo que todos mueren en Adán, también todos serán vivificados en Cristo. Pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, cuando él venga, los que son de Cristo (1 Cor 15, 20-25).