CUARTA ESTACIÓN

Jesús es negado por Pedro

 

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

La segunda vez cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de aquella palabra que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo dos veces, me negarás tres veces». Y estalló en llanto (Mc 14, 72).

MEDITACIÓN
Negado por el discípulo ardiente, rechazado por la primera piedra que había elegido para edificar su Iglesia, Jesús aparece cada vez más solo en el remolino de la violencia y de la muerte.
Mientras la Verdad es proclamada, pese a las intrigas del sinédrio, se prolonga por obra del apóstol la negación de los conciudadanos, el rechazo de los parientes, el abandono de los discípulos.
Pedro, tú recuerdas a las generaciones la fragilidad y la responsabilidad de las criaturas y de las instituciones frente a la violencia y al poder despótico.
Recuerdas aún, con tu llanto secreto, que Jesús el Nazareno es más grande que toda negación; su mirada es motivo de esperanza para el corazón que, arrepentido, no se cierra en el desánimo y en la desesperación.

ORACIÓN
Gracias, Jesús, por la mirada que dirigiste a Pedro en la hora oscura de la negación.
A la luz del alba, por tu mirada, el rostro del pescador se inunda de llanto: has reenlazado en el silencio el hilo roto por la palabra perjura; has dado nuevo vigor a la roca que se había vuelto frágil; has reavivado la llama apagada del discípulo ardiente.
Míranos también a nosotros, Jesús, en la hora del miedo y de la fragilidad, para que el llanto del arrepentimiento, como nuevo bautismo, haga nueva nuestra profesión de fe, nuevo nuestro compromiso de amor.

Padre nuestro ..

Santa Madre, dejad que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.