SESTA ESTACIÓN

Jesús es azotado y coronado de espinas


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R.
 Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Los soldados, después de trenzar una corona de espinas, la pusieron sobre la cabeza de Jesús. Luego comenzaron a saludarlo: «¡Salve, rey de los judíos!». Y le golpeaban la cabeza con una caña, y le escupían (Mc 15, 17-19).

MEDITACIÓN
Coronado con el dolor de la humanidad, azotado por el pecado del mundo, Jesús, silenciosamente, acepta el desprecio y la burla.
En la incomprensión más absoluta, él es rey de la verdad, esa verdad que anula la ilusión de un Mesías poderoso y vengador y lo revela siervo de la vida, como está escrito: «Despreciado y abandonado de los hombres, hombre de dolores que sabe lo que es padecer ... él tomó sobre sí nuestras dolencias, y se cargó con nuestros dolores» (Is 53, 3-4).
Rey porque sirve, rey porque asume el límite de la condición humana y le infunde un significado de esperanza y de salvación.
En él, lo que el mundo considera necio, débil, ignoble, ya no puede ser despreciado: es sabiduría y poder de Dios.

ORACIÓN
Salve, Rey pacífico, salve, siervo de la vida. Tu pasión convierta, por fin, nuestros corazones: de la fuerza para romper la cadena de complicidad que a todos hace responsables del retraso del Reino.
Iluminados por la Verdad que resplandece y libera, te pedimos que reconozcamos en cada hombre tu rostro, en cada pobre y perseguido tu presencia, en cada operador de justicia y de paz al hermano llamado a ser hijo de Dios.

Padre nuestro ..

Santa Madre, de, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.