QUINTA ESTACIÓN

Jesús es juzgado por Pilato

 

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R.
 Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

La multitud gritó más fuerte: «¡Crucifícalo!». Y Pilato, queriendo contentar a la multitud, les soltó a Barrabás y, después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado (Mc 15, 14-15).

MEDITACIÓN
Jesús es inocente. Pilato lo ha comprendido. Sabe que los sumos sacerdotes lo han entregado por envidia. Pero no sabe explicarse cómo puede ser rey aquel hombre pobre y manso que tiene delante.
Está lleno de asombro. Querría liberar a Jesús. Pero le acucia el grito de la multitud instigada: «¡Crucifícalo!». Grito de todos los tiempos, en el que cada uno reconoce su propia voz. Envidia de los sacerdotes, hostilidad del pueblo manipulado, cobardía de un político que no asume su responsabilidad: así Jesús es entregado a la muerte y Barrabás, el homicida, es liberado.
Barrabás: la condena de Jesús vale su libertad. Él ya es fruto de la pasión de Cristo. ¡Barrabás libre! Se dilata la pasión del «Hijo del hombre», para que todo hombre se convierta en «Hijo de Dios» y, caminando en la esperanza, llegue a una libertad más alta.

ORACIÓN
Señor Jesús, tú, que viniste para salvar y no para condenar, aceptas con amor el juicio de condena: a ti nuestra gratitud y nuestra súplica.
Tu mansedumbre y humildad frente a la condena de muerte, consuelan el corazón en la persecución soportada por tu nombre.
Líbranos de la crueldad contra el Hijo del hombre; de lavarnos las manos en la cobardía y la hipocresía frente al inocente y al indefenso.

Padre nuestro ..

Santa Madre, deh, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.