Jesús es condenado por el sanedrín
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo
Los principales sacerdotes y todo el sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús para ponerlo a muerte, pero no lo encontraban. El sumo sacerdote interrogó a Jesús diciendo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios bendito?». Jesús respondió: «Yo lo soy!». Todos sentenciaron que era reo de muerte (Mc 14, 55.60-61. 62.64).
MEDITACIÓN
En el sanedrín - casa del derecho, del sacerdocio, de la sabiduría - Jesús es condenado a muerte: ofendido el Santo de Dios, condenado el Justo.
Jesús, un inocente condenado: a lo largo de los siglos se reconocen en él, interminable fila, todas las víctimas de los tribunales viles y corruptos.
Jesús, un inocente condenado: su silencio manso y libre - «maltratado no abrió su boca» (Is 53, 7) - es voz que denuncia aún las sentencias injustas, el cálculo que sofoca la verdad, el arbitrio que prevalece sobre la equidad.
Jesús, un inocente condenado: en él y por él, en el abismo de la injusticia, resplandece la justicia suprema: hacer de cada hombre un hijo del «Dios bendito»; y se revela la verdadera blasfemia: profanar la dignidad del hombre y atentado contra su libertad.
ORACIÓN
Jesús, por la palabra violenta que te ha herido, haz mansa y paciente nuestra palabra.
Por el grito blasfemo que te rechaza, haz de nuestra palabra instrumento de comunión y de concordia.
Por la sentencia iniqua que te condena a muerte, danos oír, en el día de tu gloria, una sentencia de gracia y de perdón.
Padre nuestro ..
Santa Madre, deh, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.