DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús es crucificado


 

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R.
 Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Lo crucificaron y se repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre ellas para ver qué se llevaría cada uno (Mc 15, 24).

MEDITACIÓN
La hora anunciada y esperada ha llegado. La hora anticipada por amor en Caná revela plenamente el designio del Padre.
Jesús crucificado, elevado entre cielo y tierra, es locura para la razón humana, escándalo para la fe antigua: la cruz es crudeza y horror, atrocidad e ignominia, lugar donde, atrozmente, muerre el Hijo de Dios encarnado.
Ninguno se atreva a violar o velar la atrocidad del dolor. Lugar donde se revela el amor y brota la vida en abundancia, icono de la misericordia sin confines, más allá de toda expectativa humana.
Oh cruz de Cristo, que resplandece trágica y, sin embargo, luminosa en la noche de la pasión del hombre: a tu luz se ilumina todo camino oscuro del dolor.
Oh cruz de Cristo, que te elevas sobre el lugar del cráneo y fecundas los huesos áridos de la humanidad caída, tú muestras al más bello entre los hijos del hombre que, libre de las vestiduras gastadas echadas a suertes, restaura al hombre al esplendor del primer origen.
Oh cruz de Cristo, única esperanza, ancla segura en las tormentas de la vida.

ORACIÓN
Cristo Jesús, nacido de la Virgen María, nuestro hermano: en la cruz te reconocemos Hijo de Dios, te proclamamos autor de la reconciliación entre cielo y tierra, te invocamos Salvador y Redentor.
Escucha la oración de la Iglesia nacida de tu costado: renueva su vida, fecunda su misión para que colabore contigo en anunciar al mundo la esperanza del Reino que viene.

Padre nuestro ..

Santa Madre, deh, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.