SESTA ESTACIÓN

Jesús resucitado aparece a los discípulos
 


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu resurrección has dado vida al mundo.


PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Lucas.  24, 36-48    Jesús en persona apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Estaban atónitos y sobrecogidos, pensando que veían un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué estáis turbados y por qué surgen dudas en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y examinaos, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos, llenos de alegría, aún no se lo creyeran y estuvieran sobrecogidos, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Le ofrecieron un pedazo de pescado asado; él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Estas son las palabras que os dije cuando estaba aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito, y así tenía que ser: que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se predicara la conversión y el perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando por Jerusalén. De esto sois vosotros testigos».


LA FE DE LA IGLESIA
Es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico y no reconocerla como un acontecimiento histórico. Resulta de los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, por él mismo anunciada. El estupor provocado por la pasión fue tan grande que los discípulos (al menos algunos de ellos) no creyeron de inmediato en la noticia de la Resurrección. Lejos de presentarnos una comunidad tomada por una exaltación mística, los Evangelios nos presentan a los discípulos perdidos  y asustados, porque no creyeron a las santas mujeres que volvían del sepulcro y «aquellas palabras les parecieron un delirio» (Lc 24,11). Cuando Jesús se manifiesta a los Once la tarde de Pascua, les reprende «por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado» (Mc 16,14).    
Catecismo de la Iglesia Católica 643


MEDITACIÓN
El Evangelio del apóstol Juan se concluye con la tercera aparición del Señor a sus discípulos después de la resurrección. Terminada la pesca, les dice Jesús: Venid a desayunar. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, sabiendo que era el Señor (Jn 21, 12). Si lo sabían, ¿qué necesidad había de preguntárselo? Y si no la había, ¿por qué el evangelista dice: no se atrevían, como si tuvieran necesidad de hacerlo pero no se atrevieran por temor a algo? He aquí el sentido de estas palabras: tanta era la evidencia de la verdad en la cual Jesús se manifestaba a los discípulos, que ninguno de ellos se atrevía, ni a negarla, ni siquiera a ponerla en duda. Si alguno hubiera tenido alguna duda, habría tenido que hacerle preguntas. El evangelista diciendo: ninguno se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, es como si dijera: ninguno se atrevía a dudar de que fuera él.     
San Agustín, Homilía 123


OREMOS
Dios omnipotente y misericordioso, guíanos a la posesión de la alegría eterna, para que el humilde rebaño de tus hijos llegue con seguridad a tu lado, donde lo ha precedido el Cristo, su Pastor. Él vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.