La resurrección de Jesús
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu resurrección has dado la vida al mundo.
PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Mateo. 28, 1-7 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. Y he aquí que hubo un gran terremoto: un ángel del Señor, descendido del cielo, se acercó, rodó la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestidura blanca como la nieve. Por el espanto que de él tuvieron las guardias, temblaron y quedaron como muertas. Pero el ángel dijo a las mujeres: «No tengáis miedo, vosotras. Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como había dicho; venid a ver el lugar donde estaba depositado. Y pronto, id a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos, y ahora va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis. He aquí que yo os lo he dicho».
LA FE DE LA IGLESIA
«Os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa hecha a los padres se ha cumplido, porque Dios la ha cumplido para nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús» (Hch 13,32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida como verdad central por la primera comunidad cristiana, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida por los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio pascual junto con la cruz: Cristo ha resucitado de entre los muertos. Con su muerte ha vencido a la muerte, a los muertos ha dado la vida [Liturgia bizantina, Tropario de Pascua]. El misterio de la Resurrección de Cristo es un acontecimiento real que ha tenido manifestaciones históricamente constatadas, como atesta el Nuevo Testamento. Ya hacia el año 56 san Pablo puede escribir a los cristianos de Corinto: «Os transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, y que se apareció a Cefas y después a los Doce» (1Cor 15,3-4). El Apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que él había aprendido después de su conversión a las puertas de Damasco.
Catecismo de la Iglesia Católica 638, 639
MEDITACIÓN
«Muchas cosas fueron predichas por los profetas acerca del misterio de la Pascua, que es Cristo, «al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén» (Gal 1, 5, etc.). Él descendió de los cielos a la tierra por la humanidad que sufre… Fue conducido y muerto por sus verdugos como un cordero… Marcó nuestras almas con su propio Espíritu y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre. Él es quien cubrió de confusión a la muerte …Él es quien nos sacó de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al reino eterno. Hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido para siempre. Él es la Pascua de nuestra salvación. Él es quien tomó sobre sí los sufrimientos de todos. Él es quien se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado en la cruz, fue sepultado en la tierra y, resucitando de entre los muertos, subió a las alturas de los cielos. Él resucitó de entre los muertos y hizo resucitar a la humanidad desde lo profundo del sepulcro.»
De la «Homilía sobre la Pascua» de Melitón de Sardes, obispo (Capp. 65-67; SC 123, 95-101)
OREMOS
Concede a tu pueblo, Dios misericordioso, proclamar la gloria del Señor resucitado, para que en él, sacramento universal de salvación, obtenga los dones de la vida nueva.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.