Maria Santísima encuentra a Jesús en el camino del Calvario
V. Te alabamos y te bendecimos, Señor.
R. Porque a la obra de la salvación has asociado a la Virgen Madre.
PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Lucas. 2,34-35 Simeón dijo a María, su madre: «Él está puesto para la caída y la resurrección de muchos en Israel, y como señal que será contradicha. Y a ti misma una espada te traspasará el alma» ... Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
LA FE DE LA IGLESIA
En su plena adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es el modelo de la fe y de la caridad para la Iglesia. «Por eso es reconocida como miembro sobremodo eminente y del todo singular de la Iglesia» «y es la figura de la Iglesia». Pero su papel en relación con la Iglesia y con toda la humanidad va aún más lejos. «Ella cooperó de manera muy especial en la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y el ardiente amor, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso fue para nosotros Madre en el orden de la gracia». «Esta maternidad de María: en la economía de la gracia perdura sin interrupción desde el momento del consentimiento prestado en la fe en el tiempo de la Anunciación, y mantenido sin vacilación bajo la cruz, hasta el perpetuo coronamiento de todos los elegidos. En efecto, asunta al cielo, ella no ha depuesto esta misión de salvación, sino que con su múltiple intercesión continúa a obtenernos los dones de la salvación eterna... Por eso la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora».
Catecismo de la Iglesia Católica 967-969
MEDITACIÓN
Jesús se acaba de levantar de su primera caída, cuando encuentra a su Santísima Madre, al borde del camino que estaba recorriendo. María mira a Jesús con inmenso amor, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran, cada uno de los dos corazones vierte en el otro su propio dolor. El alma de María está sumergida en amargura, en la amargura de Jesús. Vosotros todos que pasáis por el camino, mirad y observad si hay un dolor semejante a mi dolor (Lm 1, 12). Pero nadie se da cuenta, nadie lo nota; solo Jesús. Se ha cumplido la profecía de Simeón: Una espada te traspasará el alma (Lc 2, 35). En la oscura soledad de la Pasión, la Virgen ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura, de unión, de fidelidad; un «sí» a la voluntad divina. Dando la mano a María, también tú y yo queremos consolar a Jesús, aceptando siempre y en todo la Voluntad de su Padre, de nuestro Padre. Solo así saborearemos la dulzura de la Cruz de Cristo, y la abrazaremos con la fuerza del Amor, llevándola en triunfo por todos los caminos de la tierra.
S. Josemaría Escrivá de Balaguer
Ave María
Amén
OREMOS
Jesús, que vuelves la mirada a la Madre, danos, en medio de las sufrimientos, la audacia y la alegría de acogerte y de seguirte con confiado abandono. Cristo, fuente de la vida, danos contemplar tu rostro y descubrir en la locura de la Cruz la promesa de nuestra resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.