María Santísima recibe entre sus brazos el cuerpo de Jesús, ya bajado de la cruz
V. Te alabamos y te bendecimos, Señor.
R. Porque a la obra de la salvación has asociado a la Virgen Madre.
PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Mateo. 27,57-61 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también era discípulo de Jesús. Fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en un lienzo limpio y lo depositó en su sepulcro nuevo, que se había hecho excavar en la roca; y, rodando una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí, frente al sepulcro, María de Magdala y la otra María.
LA FE DE LA IGLESIA
El papel de María respecto a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y de ella deriva directamente. «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la Redención se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte». Se manifiesta de manera particular en la hora de su Pasión: La bienaventurada Virgen avanzó en el camino de la fe y conservó fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, donde, no sin un designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con ánimo materno a su sacrificio, consentiendo amorosamente a la inmolación de la víctima que ella había engendrado; y finalmente, por el mismo Cristo Jesús moribundo en la cruz, fue dada como madre al discípulo con estas palabras: «Mujer, he aquí a tu hijo» (Jn 19, 26).
Catecismo de la Iglesia Católica 964
MEDITACIÓN
La asociación de la Virgen a la misión de Cristo alcanza su culmen en Jerusalén, en el momento de la pasión y muerte del Redentor. El Concilio subraya la dimensión profunda de la presencia de la Virgen en el Calvario, recordando que Ella "conservó fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz" (LG 58), y hace presente que dicha unión "en la obra de la redención se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (ibíd., 57). La adhesión de la Madre a la pasión redentora del Hijo se cumple en la participación en su dolor. Volvemos nuevamente a las palabras del Concilio, según las cuales, en la perspectiva ya de la resurrección, a los pies de la cruz, la Madre "sufrió profundamente con su Unigénito y se asoció con ánimo materno a su sacrificio, consentiendo amorosamente a la inmolación de la víctima que Ella había engendrado" (ibíd., 58). Con estas palabras el Concilio nos recuerda la "compasión de María", en cuyo corazón se refleja todo lo que Jesús padece en el alma y en el cuerpo, subrayando su voluntad de participar en el sacrificio redentor y de unir su sufrimiento materno a la oferta sacerdotal del Hijo. En el drama del Calvario, María es sostenida por la fe, fortalecida a lo largo de los acontecimientos de su existencia y, sobre todo, durante la vida pública de Jesús. El Concilio recuerda que "la bienaventurada Virgen avanzó en el camino de la fe y conservó fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz" (LG 58). En este supremo "sí" de María resplandece la esperanza confiada en el misterioso futuro, iniciado con la muerte del Hijo crucificado. La esperanza de María a los pies de la cruz encierra una luz más fuerte que la oscuridad que reina en muchos corazones: frente al Sacrificio redentor, nace en María la esperanza de la Iglesia y de la humanidad.
Juan Pablo II, de la Catequesis del miércoles, 2 de abril de 1997
Ave María
Amén
OREMOS
Dios, que para redimir al género humano, seducido por las astucias del maligno, has asociado a la pasión de tu Hijo a la Madre Dolorosa, haz que todos los hijos de Adán, sanados de los efectos devastadores de la culpa, sean partícipes de la creación renovada en Cristo redentor. Él es Dios, y vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.