QUINTA ESTACIÓN

María Santísima está presente en la crucifixión y en la muerte del Hijo
 


V. Te alabamos y te bendecimos, Señor.
R. Porque a la obra de la salvación has asociado a la Virgen Madre.

PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Juan. 19,25-30  Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María de Cleofas y María Magdalena. Entonces Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde entonces el discípulo la tomó en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un vaso lleno de vinagre; empaparon una esponja en vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Y después de haber probado el vinagre, Jesús dijo: «Todo está consumado». Y, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

LA FE DE LA IGLESIA
María, la Madre de Dios, toda santa, siempre Virgen, es la obra maestra de la misión del Hijo y del Espíritu en la plenitud de los tiempos. Por primera vez en el diseño de la salvación y porque su Espíritu la preparó, el Padre encuentra la Morada donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. En este sentido, la Tradición de la Iglesia ha leído a menudo refiriéndolos a María los más bellos textos sobre la Sabiduría: María es cantada y representada en la Liturgia como «Sede de la Sabiduría». En ella comienzan a manifestarse las «maravillas de Dios», que el Espíritu cumplirá en Cristo y en la Iglesia. El Espíritu Santo preparó a María con su gracia. Era conveniente que fuera «llena de gracia» la Madre de Aquel en quien «habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad» (Col 2,9). Por pura gracia ella fue concebida sin pecado como la criatura más humilde y más capaz de acoger el Don inefable del Omnipotente. A justo título el ángel Gabriel la saluda como la «Hija de Sión»: «Alégrate». Es el agradecimiento de todo el Pueblo de Dios, y por tanto de la Iglesia, que María eleva al Padre, en el Espíritu, en su cántico, cuando ella lleva en sí al Hijo eterno.    
Catecismo de la Iglesia Católica 721, 722

MEDITACIÓN
En el Calvario se había hecho un silencio casi absoluto. A los pies de la Cruz estaba también la Madre. He aquí. De pie. Es solo el amor lo que la sostiene. Todo consuelo es absolutamente inútil. Está sola en su inenarrable dolor. He aquí: está inmóvil: verdadera estatua del dolor esculpida por la mano de Dios. Ahora María vive por Jesús y en Jesús. Ninguna criatura se ha acercado jamás al divino como Ella, ninguna sabe sufrir divinamente como Ella. Dolor desconcertante, más que humano, que pasa todas las medidas. Sus ojos ardientes contemplan la tremenda visión. Ve todo. Quiere ver todo. Tiene derecho: es Su Madre. Es suyo. Lo reconoce bien. Han hecho un escándalo de él, pero lo reconoce. ¿Qué madre no reconocería a su propio hijo aunque estuviera desfigurado por los golpes o desfigurado por un golpe inesperado de las fuerzas ciegas? Es suyo y Le pertenece. Le ha estado siempre cerca en los tiempos de su niñez y de su adolescencia, como en los años de su virilidad mientras ha podido….. Es un milagro si no cae a tierra. Pero el  milagro más grande es el de su amor que La sostiene, que La tiene allí de pie mientras Él no esté muerto. Mientras Él vive, Ella no podrá morir! Sí, Señor, quiero quedarme aquí junto a Ti y a Tu Madre. Este gran dolor que os une en el Calvario es mi dolor porque es todo para mí. Para mí, gran Dios!   
Eugenio Bernardi,  La pasión de Jesús
Ave María
Amén

OREMOS

O Dios, que en tu misterioso diseño de salvación has querido continuar la pasión de tu Hijo en las miembros heridas de su cuerpo, que es la Iglesia, haz que, unidos a la Madre Dolorosa a los pies de la cruz, aprendamos a reconocer y servir con amor cuidadoso al Cristo, que sufre en los hermanos.  Por Cristo nuestro Señor.

Amén.