TERCERA ESTACIÓN

María Santísima busca a Jesús, que se quedó en Jerusalén

 

V. Te alabamos y te bendecimos, Señor. 
R. Porque a la obra de la salvación has asociado a la Virgen Madre.

PALABRA DE DIOS
Del Evangelio según san Lucas. 2,34-35       El niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando él tuvo doce años, subieron de nuevo, según la costumbre; pero, pasados los días de la fiesta, mientras volvían al camino, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran.  Creyéndolo en la caravana, hicieron un día de camino, y luego se pusieron a buscarlo entre parientes y conocidos;  no habiéndolo encontrado, volvieron a buscarlo a Jerusalén. Después de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos e interrogándolos. Y todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, quedaron asombrados, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiosos, te buscábamos».  Y él respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Bajó, pues, con ellos y volvió a Nazaret, y les era sumiso. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres. 

LA FE DE LA IGLESIA
La vida oculta de Nazaret permite a todo hombre estar en comunión con Jesús en los caminos más ordinarios de la vida cotidiana: Nazaret es la escuela donde se empezó a comprender la vida de Jesús, es decir, la escuela del Evangelio. . . En primer lugar, nos enseña el silencio. ¡Oh! si renaciera en nosotros la estima del silencio, atmósfera admirable e indispensable del espíritu. . . Nos enseña el modo de vivir en familia. Nazaret nos recuerde qué es la familia, qué es la comunión de amor, su belleza austera y sencilla, su carácter sagrado e inviolable. . . Finalmente, aprendamos una lección de trabajo. ¡Oh! morada de Nazaret, casa del «Hijo del carpintero»! Aquí, sobre todo, deseamos comprender y celebrar la ley, severa ciertamente, pero redentora de la fatiga humana. . . Finalmente, queremos saludar a los trabajadores de todo el mundo y mostrarles el gran modelo, su hermano divino [Pablo VI, 5.1.1964 en Nazaret,]. El hallazgo de Jesús en el Tempio  es el único acontecimiento que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever allí el misterio de su total consagración a una misión que deriva de su filiación divina: «¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49). María y José «no comprendieron» estas palabras, pero las acogieron en la fe, y María «guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,51) a lo largo de los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.    
Catecismo de la Iglesia Católica 533, 534

MEDITACIÓN
María, durante muchos años, permaneció en la intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe, a medida que Jesús «crecía en sabiduría... y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52). Cada vez más se manifestaba a los ojos de los hombres la predilección que Dios tenía por él. La primera entre estas criaturas humanas admitidas al descubrimiento de Cristo era María, que con José vivía en la misma casa en Nazaret. Sin embargo, cuando, después del hallazgo en el templo, a la pregunta de la madre: «¿Por qué nos has hecho esto?», el niño Jesús de doce años respondió: «¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?», el evangelista añade: «Pero ellos (José y María) no comprendieron sus palabras» (Lc 2,48). Así pues, Jesús tenía la conciencia de que «solo el Padre conoce al Hijo» (Mt 11,27), tanto que incluso aquella a la que se le había revelado más a fondo el misterio de la filiación divina, la madre, vivía en la intimidad con este misterio solo mediante la fe! Hallándose al lado del Hijo, bajo el mismo techo y «guardando fielmente su unión con el Hijo», ella «avanzaba en la peregrinación de la fe», como subraya el Concilio. Y así fue también durante la vida pública de Cristo (Mc 3,21), de modo que de día en día se cumplía en ella la bendición pronunciada por Isabel en la visitación: «Bienaventurada tú que has creído».    
Juan Pablo II, Redemptoris Mater 17
Ave María
Amén


OREMOS
O Dios, que en la Santa Familia nos has dado un verdadero modelo de vida, haz que, por intercesión de tu Hijo Jesús, de la Virgen Madre y de san José, caminemos entre las diversas vicisitudes del mundo, siempre orientados a los bienes eternos.  
Por Cristo nuestro Señor.

Amén.