Jesús resucitado envía a los apóstoles el Espíritu Santo
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu resurrección has dado vida al mundo.
PALABRA DE DIOS
De los Hechos de los Apóstoles. Hch 2, 1-6 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que estaban. Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Habitaban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos de todas las naciones bajo el cielo. Y al oírse el estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
LA FE DE LA IGLESIA
El día de Pentecostés (al término de las siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se cumple en la efusión del Espíritu Santo, que es manifestado, donado y comunicado como Persona divina: de su plenitud, Cristo, Señor, derrama abundantemente el Espíritu. En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde este día, el Reino anunciado por Cristo está abierto a los que creen en él: en la humildad de la carne y en la fe, ellos participan ya de la comunión de la Santísima Trinidad. Con su venida, que no tiene fin, el Espíritu Santo introduce al mundo en los «últimos tiempos», el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero no aún consumado: Hemos visto la verdadera Luz, hemos recibido el Espíritu celestial, hemos hallado la verdadera fe: adoremos a la Trinidad indivisa, porque nos ha salvado [Liturgia bizantina, Tropario de las Vísperas de Pentecostés, retomado en las Liturgias eucarísticas después de la Comunión].
Catecismo de la Iglesia Católica 731, 732
MEDITACIÓN
¿Por qué el Señor quiso darnos solamente después de su resurrección el Espíritu, del cual nos provienen los mayores beneficios, en cuanto que por su medio es vertida en nuestros corazones la caridad de Dios? ¿Por qué motivo? Porque en la espera de nuestra resurrección nuestra caridad arda vivamente, consuma todo apego mundano, y toda entera corra hacia Dios. …..Nuestro Señor Jesucristo, en efecto, después que ha resucitado no muere más - dice el Apóstol -, la muerte no tendrá ya más poder sobre él (Rm 6, 9). He aquí lo que debemos amar. Si vivimos, si creemos en el que ha resucitado, él nos dará cosas bien diferentes de las que aquí aman aquellos que no aman a Dios, los cuales tanto más aman las cosas de aquí abajo cuanto menos aman a Dios, y tanto menos cuanto más aman a él. Pero veamos qué nos ha prometido: no riquezas terrenas y temporales, no honores y poder de este mundo …. no la salud del cuerpo; no …. una vida larga …no la belleza del cuerpo… Nada de todo esto nos ha prometido aquel que ha dicho: Quien cree en mí venga y beba; y de su seno fluirán torrentes de agua viva. Nos ha prometido la vida eterna, donde nada tendremos que temer, donde estaremos a salvo de toda perturbación… Siendo tal la promesa que el Señor ha hecho a los que lo aman, y arden de la caridad del Espíritu Santo, por esto no quiso dar el Espíritu mismo sino después de su glorificación, para mostrar en su cuerpo la vida que aún no tenemos, pero que esperamos tener en la resurrección.
S. Agustín, Homilía 32
OREMOS
Oh Dios, que en el misterio de Pentecostés santificas a toda tu Iglesia en cada pueblo y nación, difunde los dones de tu Santo Espíritu hasta los confines de la tierra y continúa hoy, en la comunidad de los creyentes, los prodigios que obraste al inicio de la predicación del evangelio. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
El celebrante puede invitar a los participantes, provistos de una vela, a encenderla en el cirio pascual, mientras él, haciendo esta traditio lucis, dice a cada uno (o a la comunidad, adaptando la fórmula):
Vete y lleva la luz del Cristo resucitado a los hermanos que encuentres.
R. Amén.
Luego se renueva la alianza del bautismo.
El Bautismo es la Pascua del Resucitado compartida con el hombre. Concluimos nuestro itinerario renovando las promesas bautismales, agradecidos al Padre, que continúa llamándonos de las tinieblas a la luz de su Reino.
Hermanos, si queréis seguir al Resucitado en los caminos del mundo:
¿Renunciáis al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
R. Renuncio.
¿Renunciáis a las seducciones del mal, para no dejaros dominar por el pecado?
R. Renuncio.
¿Renunciáis a Satanás y a todas sus obras?
R. Renuncio.
¿Creéis en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
R. Creo.
¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de María Virgen, murió y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
R. Creo.
¿Creéis en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, la remisión de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna?
R. Creo.
Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha librado del pecado y nos ha hecho renacer del agua y del Espíritu Santo, nos guarde con su gracia en Cristo Jesús, resucitado de la muerte, para la vida eterna.
R. Amén.
Oremos
Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría a todo el mundo, por intercesión de María Virgen concédenos gozar de la luz de la vida sin fin.
R. Amén.