Bruno, monaco
Mi Señor, mi Dios, mi Rey con quien deseo vivir
«¡Cuán amables son tus moradas! Mi alma anhela llegar a los atrios del Señor» (Sal 83, 2 vulg.), es decir, en la magnificencia de la Jerusalén celestial, que es la ciudad de Dios. ¿Por qué, oh Señor,...