Los sarmientos son parte de la Vid

El Señor dice de sí mismo que es la vid, queriendo mostrar la necesidad de que estemos arraigados en su amor, y la ventaja que nos proviene de estar unidos a él. A aquellos que están unidos a él, y de cierto modo incorporados e injertados, los compara con los sarmientos. Estos son hechos partícipes de su misma naturaleza, mediante la comunicación del Espíritu Santo. En efecto, el Espíritu Santo de Cristo nos une a él.

Nosotros nos hemos acercado a Cristo en la fe por una buena deliberación de la voluntad, pero participamos de su naturaleza por haber obtenido de él la dignidad de la adopción. En efecto, según san Pablo: «Quien se une al Señor forma con él un solo espíritu» (1 Cor 6, 17).

Nosotros somos edificados sobre Cristo, nuestro sostén y fundamento, y somos llamados piedras vivas y espirituales para un sacerdocio santo y para el templo de Dios en el espíritu. No podemos ser edificados si Cristo no se constituye nuestro fundamento. La misma cosa viene expresada con la analogía de la vid.

Dice que él mismo es la vid y casi la madre y la nodriza de los sarmientos que de ella brotan. En efecto, hemos sido regenerados por él y en él en el Espíritu para llevar frutos de vida, pero de vida nueva que consiste esencialmente en el amor operoso hacia él. Aquellos de antes eran frutos podridos de una vida decadente.

Somos luego conservados en el ser, insertos de algún modo en él, si nos atenemos tenazmente a los santos mandamientos que nos fueron dados, si ponemos toda diligencia en conservar el grado de nobleza obtenido, y si no permitimos que sea contristado el Espíritu que habita en nosotros, ese Espíritu que nos revela el sentido de la habitación divina.

La manera en que nosotros estamos en Cristo y él en nosotros, nos la explica san Juan: «En esto conocemos que nosotros permanecemos en él y él en nosotros: que nos ha dado de su Espíritu» (1 Jn 4, 13).

Como la raíz comunica a los sarmientos las cualidades y la condición de su naturaleza, así el unigénito Verbo de Dios confiere a los hombres, y sobre todo a aquellos que están unidos a él por medio de la fe, su Espíritu, les concede todo género de santidad, confiere la afinidad y la parentela con su naturaleza y la del Padre, alimenta el amor y procura el conocimiento de toda virtud y bondad.

San Cirilo de Alejandría, obispo