La aceptación de nuestra cruz se convierte en la puerta del Cielo

Aunque sean muchos los misterios y maravillas descubiertos por los santos doctores y comprendidos por las almas santas en el presente estado de vida, sin embargo, la mayor parte queda por decir y por entender, y por tanto, aún hay mucho que profundizar en Cristo. Este, en efecto, es como una mina rica de inmensas vetas de tesoros, de los cuales, por cuanto se baje, no se encuentra el fin; antes bien, en cada cavidad se descubren nuevas vetas de riquezas.

Por eso san Pablo dice de Cristo: «En Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (Col 2, 3), en los cuales el alma no puede penetrar, si antes no pasa por las estrecheces del sufrimiento interior y exterior. En efecto, a lo poco que es posible saber en esta vida de los misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber sufrido mucho, sin haber recibido de Dios numerosas gracias intelectuales y sensibles y sin haber precedido un largo ejercicio espiritual, pues todas estas gracias son más imperfectas que la sabiduría de los misterios de Cristo, para la cual sirven de simple disposición.

¡Oh, si el alma pudiera comprender que no se puede llegar al espesor de las riquezas y de la sabiduría de Dios, si no entrando donde más numerosas son las sufrimientos de toda clase, depositando allí su consolación y su deseo! Como quien verdaderamente desea la sabiduría divina, en primer lugar anhela entrar verdaderamente en el espesor de la cruz!

Por esto san Pablo amonestaba a los discípulos de Éfeso que no desfallecieran en las tribulaciones, sino que se mantuvieran fuertes, arraigados y fundados en la caridad, y así pudieran comprender con todos los santos cuál sea la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento, para ser colmados de toda la plenitud de Dios (cf. Ef 4, 17). Para acceder a las riquezas de la sabiduría divina, la puerta es la cruz. Se trata de una puerta estrecha en la cual pocos desean entrar, mientras que son muchos los que aman los deleites a los que se llega por su medio.

San Juan de la Cruz