¿A dónde vas a pastorear, buen Pastor, tú que llevas sobre tus hombros todo el rebaño? Esa única oveja representa en efecto toda la naturaleza humana que has tomado sobre tus hombros. Muéstrame el lugar del descanso, guíame al buen y nutritivo pasto, llámame por mi nombre, para que yo, que soy oveja, pueda escuchar tu voz y con ella tener la vida eterna: «Muéstrame a aquel a quien ama mi alma» (Ct 1, 6 vulg.).
Así, pues, te llamo, porque tu nombre está sobre todo nombre y toda comprensión, y ni siquiera todo el universo de los seres racionales es capaz de pronunciarlo y de comprenderlo. Tu nombre, por tanto, en el cual se manifiesta tu bondad, representa el amor de mi alma hacia ti. ¿Cómo podría, en efecto, no amarte, cuando tú me has amado tanto? Me amaste tanto que diste tu vida por el rebaño de tu pastoreo.
No se puede imaginar un amor más grande que este. Pagaste mi salvación con tu vida. Hazme saber, por tanto, dónde te encuentras (cf. Ct 1, 7), para que yo pueda encontrar este lugar saludable y llenarme de alimento celestial, pues quien no se alimenta de él, no puede entrar en la vida eterna. Haz que acuda a la fuente fresca y beba de ella la bebida divina, esa bebida que ofreces a quien tiene sed. Haz que la beba como de la fuente de tu costado abierto por la lanza. Para quien la bebe, esta agua se convierte en una fuente que brota para la vida eterna (cf. Jn 4, 14).
Si me admites en estos pastos, me harás descansar con seguridad al mediodía, cuando, durmiendo en paz, descansaré en la luz que no tiene sombra. En verdad, el mediodía no tiene sombra, cuando el sol brilla verticalmente. Al mediodía haces descansar a aquellos a quienes has nutrido, cuando los acogerás contigo en tus moradas. Pero nadie es estimado digno de este descanso meridiano si no es hijo de la luz e hijo del día.
Aquel que se ha mantenido igualmente lejos de las tinieblas de la tarde y de la mañana, es decir, del mal con su principio y su fin, este es puesto por el sol de justicia en el «mediodía», para que en él pueda descansar.
Explícame, pues, cómo es necesario descansar y pastorear, y cuál sea el camino del descanso «meridiano», para que no suceda que me aleje de la guía de tu mano por la ignorancia de la verdad, y me una en cambio a rebaños extraños.
Estas cosas dice la esposa de los cantos, toda solícita de la belleza que le ha venido de Dios y deseosa de comprender de qué manera la felicidad le pueda durar para siempre.
Del «Comentario sobre el Cantar de los cantares» de san Gregorio de Nisa, obispo
Así, pues, te llamo, porque tu nombre está sobre todo nombre y toda comprensión, y ni siquiera todo el universo de los seres racionales es capaz de pronunciarlo y de comprenderlo. Tu nombre, por tanto, en el cual se manifiesta tu bondad, representa el amor de mi alma hacia ti. ¿Cómo podría, en efecto, no amarte, cuando tú me has amado tanto? Me amaste tanto que diste tu vida por el rebaño de tu pastoreo.
No se puede imaginar un amor más grande que este. Pagaste mi salvación con tu vida. Hazme saber, por tanto, dónde te encuentras (cf. Ct 1, 7), para que yo pueda encontrar este lugar saludable y llenarme de alimento celestial, pues quien no se alimenta de él, no puede entrar en la vida eterna. Haz que acuda a la fuente fresca y beba de ella la bebida divina, esa bebida que ofreces a quien tiene sed. Haz que la beba como de la fuente de tu costado abierto por la lanza. Para quien la bebe, esta agua se convierte en una fuente que brota para la vida eterna (cf. Jn 4, 14).
Si me admites en estos pastos, me harás descansar con seguridad al mediodía, cuando, durmiendo en paz, descansaré en la luz que no tiene sombra. En verdad, el mediodía no tiene sombra, cuando el sol brilla verticalmente. Al mediodía haces descansar a aquellos a quienes has nutrido, cuando los acogerás contigo en tus moradas. Pero nadie es estimado digno de este descanso meridiano si no es hijo de la luz e hijo del día.
Aquel que se ha mantenido igualmente lejos de las tinieblas de la tarde y de la mañana, es decir, del mal con su principio y su fin, este es puesto por el sol de justicia en el «mediodía», para que en él pueda descansar.
Explícame, pues, cómo es necesario descansar y pastorear, y cuál sea el camino del descanso «meridiano», para que no suceda que me aleje de la guía de tu mano por la ignorancia de la verdad, y me una en cambio a rebaños extraños.
Estas cosas dice la esposa de los cantos, toda solícita de la belleza que le ha venido de Dios y deseosa de comprender de qué manera la felicidad le pueda durar para siempre.
Del «Comentario sobre el Cantar de los cantares» de san Gregorio de Nisa, obispo