Había en Florencia siete hombres dignos de mucha veneración y honor, unidos entre sí por un vínculo de amistad fraterna y animados por los mismos ideales. María, Nuestra Señora, se sirvió de ellos para iniciar su Orden religioso y el de sus siervos.
Cuando entré en nuestro Orden, no encontré a ninguno de ellos aún con vida, excepto al hermano Alexis. Pienso que a Nuestra Señora le agradó conservarlo con vida hasta nuestros días, para que conociéramos de su viva voz el origen de nuestro Orden.
Como pude constatar en persona, su vida no solo impulsaba al bien a los presentes con su ejemplo, sino que testimoniaba, con su perfección y la de sus compañeros, la profunda religiosidad de su primera sociedad.
Su vida, antes aún de que se unieran, tenía un cuádruple aspecto.
El primero concernía a la Iglesia. En efecto, algunos de ellos habían decidido conservar la virginidad y la castidad; otros estaban ligados por el matrimonio; otros, finalmente, por la muerte de sus esposas, estaban libres del vínculo conyugal. Todos, sin embargo, habían dedicado su existencia al servicio de la Esposa de Cristo.
El segundo aspecto concernía al bienestar de los ciudadanos. Ejercían, en efecto, la profesión de mercaderes y compraban y vendían bienes terrenales. Pero cuando encontraron la perla preciosa, no solo donaron a los pobres cuanto poseían, sino que se dieron a sí mismos con gozoso ímpetu a Dios y a Nuestra Señora, sirviéndoles con sumo fidelidad.
El tercer aspecto concernía precisamente a la veneración y el honor a la Virgen. Existía en Florencia una sociedad en honor de la Virgen María, fundada desde mucho tiempo atrás, la cual, tanto por su antigüedad como por la santidad y el gran número de hombres y mujeres que se adherían a ella, había adquirido tal notoriedad respecto a las otras, que era llamada «Compañía mayor de santa María». De esta Compañía y de manera excelente formaban parte nuestros siete hombres, antes de reunirse.
El cuarto aspecto concernía a la perfección del alma. Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían toda su acción y lo honraban en todos sus pensamientos, en las palabras y en las obras.
Después de que hubieron decidido, con firme propósito, reunirse para llevar vida común, impulsados por la inspiración divina y la llamada de María, abandonaron sus casas y sus familias. A estas dejaron lo necesario, y el resto lo distribuyeron entre los pobres.
En fin, se dirigieron a hombres ejemplares en vida y comportamiento, y les pusieron al tanto de su proyecto.
Así, subidos al Monte Senario y habiendo construido en su cima una casita suficiente para ellos, se trasladaron allí para habitar juntos.
Allí se dieron cuenta de que Nuestra Señora no los había reunido solo para atender a su propia santificación, sino también con el fin de agregar otros y ampliar así el nuevo Orden, que ella había iniciado por medio de ellos. Por eso se prepararon para aceptar otros hermanos y desde entonces acogieron a algunos, dando inicio a Nuestro Orden. El cual resulta así edificado principalmente por la Madonna, fundado en la humildad de nuestros hermanos, construido en su concordia y conservado en la pobreza.
De la «Leyenda» sobre el origen de la Orden de los Siervos de la B. V. María
Cuando entré en nuestro Orden, no encontré a ninguno de ellos aún con vida, excepto al hermano Alexis. Pienso que a Nuestra Señora le agradó conservarlo con vida hasta nuestros días, para que conociéramos de su viva voz el origen de nuestro Orden.
Como pude constatar en persona, su vida no solo impulsaba al bien a los presentes con su ejemplo, sino que testimoniaba, con su perfección y la de sus compañeros, la profunda religiosidad de su primera sociedad.
Su vida, antes aún de que se unieran, tenía un cuádruple aspecto.
El primero concernía a la Iglesia. En efecto, algunos de ellos habían decidido conservar la virginidad y la castidad; otros estaban ligados por el matrimonio; otros, finalmente, por la muerte de sus esposas, estaban libres del vínculo conyugal. Todos, sin embargo, habían dedicado su existencia al servicio de la Esposa de Cristo.
El segundo aspecto concernía al bienestar de los ciudadanos. Ejercían, en efecto, la profesión de mercaderes y compraban y vendían bienes terrenales. Pero cuando encontraron la perla preciosa, no solo donaron a los pobres cuanto poseían, sino que se dieron a sí mismos con gozoso ímpetu a Dios y a Nuestra Señora, sirviéndoles con sumo fidelidad.
El tercer aspecto concernía precisamente a la veneración y el honor a la Virgen. Existía en Florencia una sociedad en honor de la Virgen María, fundada desde mucho tiempo atrás, la cual, tanto por su antigüedad como por la santidad y el gran número de hombres y mujeres que se adherían a ella, había adquirido tal notoriedad respecto a las otras, que era llamada «Compañía mayor de santa María». De esta Compañía y de manera excelente formaban parte nuestros siete hombres, antes de reunirse.
El cuarto aspecto concernía a la perfección del alma. Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían toda su acción y lo honraban en todos sus pensamientos, en las palabras y en las obras.
Después de que hubieron decidido, con firme propósito, reunirse para llevar vida común, impulsados por la inspiración divina y la llamada de María, abandonaron sus casas y sus familias. A estas dejaron lo necesario, y el resto lo distribuyeron entre los pobres.
En fin, se dirigieron a hombres ejemplares en vida y comportamiento, y les pusieron al tanto de su proyecto.
Así, subidos al Monte Senario y habiendo construido en su cima una casita suficiente para ellos, se trasladaron allí para habitar juntos.
Allí se dieron cuenta de que Nuestra Señora no los había reunido solo para atender a su propia santificación, sino también con el fin de agregar otros y ampliar así el nuevo Orden, que ella había iniciado por medio de ellos. Por eso se prepararon para aceptar otros hermanos y desde entonces acogieron a algunos, dando inicio a Nuestro Orden. El cual resulta así edificado principalmente por la Madonna, fundado en la humildad de nuestros hermanos, construido en su concordia y conservado en la pobreza.
De la «Leyenda» sobre el origen de la Orden de los Siervos de la B. V. María