L’Apostolo escribe a los Gálatas para que comprendan que la gracia los ha liberado del dominio de la Ley. Cuando se les predicó el evangelio, no faltaron algunos venidos de la circuncisión que, aunque cristianos, no comprendían aún el don del evangelio, y por tanto querían atenerse a las prescripciones de la Ley que el Señor había impuesto a quienes no servían a la justicia, sino al pecado. En otras palabras, Dios había dado una ley justa a hombres injustos. Ella ponía de manifiesto sus pecados, pero no los cancelaba. Sabemos, en efecto, que solo la gracia de la fe, obrando a través de la caridad, quita los pecados. En cambio, los convertidos del judaísmo pretendían someter a los Gálatas, que ya se encontraban bajo el régimen de la gracia, al peso de la Ley, y afirmaban que a los Gálatas el evangelio no les serviría de nada si no se circuncidaban y no se sometían a todas las prescripciones formalistas del rito judaico.
Debido a esta convicción, habían comenzado a nutrir sospechas contra el apóstol Pablo, que había predicado el evangelio a los Gálatas, y lo acusaban de no atenerse a la línea de conducta de los otros apóstoles que, según ellos, inducían a los paganos a vivir como judíos. También el apóstol Pedro había cedido a las presiones de tales personas y había sido inducido a comportarse de manera que hiciera creer que el evangelio no aprovecharía nada a los paganos si no se sometían a las imposiciones de la Ley. Pero de esta doble línea de conducta lo apartó el mismo apóstol Pablo, como narra en esta carta. Del mismo problema se trata también en la carta a los Romanos. Sin embargo, parece que hay alguna diferencia, por el hecho de que en esta san Pablo dirime la contienda y compone la disputa que había estallado entre aquellos que provenían de los judíos y aquellos que provenían del paganismo. En la carta a los Gálatas, en cambio, se dirige a aquellos que ya habían sido turbados por el prestigio de los judaizantes que los obligaban a la observancia de la Ley. Ellos habían comenzado a creerles, como si el apóstol Pablo hubiera predicado mentiras, invitándolos a no circuncidarse. Por eso comienza así: «Me maravillo de que tan pronto de aquel que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis a otro evangelio» (Gal 1, 6).
Con este exordio quiso hacer una referencia discreta a la controversia. Así, en el mismo saludo, proclamándose apóstol, «no de parte de hombres, ni por medio de hombre» (Gal 1, 1), – notar que una tal declaración no se encuentra en ninguna otra carta – muestra bastante claramente que aquellos propagadores de ideas falsas no venían de Dios sino de los hombres. No se debía tratar a él como inferior a los otros apóstoles en lo que respecta al testimonio evangélico. Él sabía ser apóstol no de parte de hombres, ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios Padre (cf. Gal 1, 1).
Del «Comentario a la Carta a los Gálatas» de san Agustín, obispo
Debido a esta convicción, habían comenzado a nutrir sospechas contra el apóstol Pablo, que había predicado el evangelio a los Gálatas, y lo acusaban de no atenerse a la línea de conducta de los otros apóstoles que, según ellos, inducían a los paganos a vivir como judíos. También el apóstol Pedro había cedido a las presiones de tales personas y había sido inducido a comportarse de manera que hiciera creer que el evangelio no aprovecharía nada a los paganos si no se sometían a las imposiciones de la Ley. Pero de esta doble línea de conducta lo apartó el mismo apóstol Pablo, como narra en esta carta. Del mismo problema se trata también en la carta a los Romanos. Sin embargo, parece que hay alguna diferencia, por el hecho de que en esta san Pablo dirime la contienda y compone la disputa que había estallado entre aquellos que provenían de los judíos y aquellos que provenían del paganismo. En la carta a los Gálatas, en cambio, se dirige a aquellos que ya habían sido turbados por el prestigio de los judaizantes que los obligaban a la observancia de la Ley. Ellos habían comenzado a creerles, como si el apóstol Pablo hubiera predicado mentiras, invitándolos a no circuncidarse. Por eso comienza así: «Me maravillo de que tan pronto de aquel que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis a otro evangelio» (Gal 1, 6).
Con este exordio quiso hacer una referencia discreta a la controversia. Así, en el mismo saludo, proclamándose apóstol, «no de parte de hombres, ni por medio de hombre» (Gal 1, 1), – notar que una tal declaración no se encuentra en ninguna otra carta – muestra bastante claramente que aquellos propagadores de ideas falsas no venían de Dios sino de los hombres. No se debía tratar a él como inferior a los otros apóstoles en lo que respecta al testimonio evangélico. Él sabía ser apóstol no de parte de hombres, ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios Padre (cf. Gal 1, 1).
Del «Comentario a la Carta a los Gálatas» de san Agustín, obispo