Policarpo y los presbíteros que están con él, a la Iglesia de Dios que reside como peregrina en Filipos: la misericordia y la paz de Dios todopoderoso y de Jesucristo nuestro Salvador sean en abundancia sobre vosotros.

Participo vivamente en vuestra alegría en el Señor nuestro Jesucristo, porque habéis practicado la palabra de la caridad más auténtica. En efecto, habéis ayudado en su camino a los santos atados con cadenas, cadenas que son verdaderas joyas y ornamentos para aquellos que fueron elegidos por Dios y por nuestro Señor. Me alegro porque la firme raíz de vuestra fe, que os fue anunciada desde el principio, subsiste hasta el presente y da frutos en Jesucristo nuestro Señor. Él, por nuestros pecados, aceptó llegar hasta la muerte, pero «Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte» (Hch 2, 24), y en él, sin haberlo visto, creéis con una alegría inefable y gloriosa (cf. 1 Pt 1, 8), en la cual muchos desearían participar; y sabéis bien que habéis sido salvados por gracia, no por vuestras obras, sino por la voluntad de Dios mediante Jesucristo (cf. Ef 2, 8-9).

«Por lo tanto, habiendo preparado vuestra mente para la acción» (1 Pt 1, 13), «servid a Dios con temor» (Sal 2, 11) y en la verdad, dejando de lado las charlas inútiles y los errores groseros, y «creyendo en el que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le dio gloria» (1 Pt 1, 21), haciéndolo sentar a su derecha. A él están sujetas todas las cosas en los cielos y en la tierra, a él obedece todo ser viviente. Él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, y Dios pedirá cuenta de su sangre a cuantos se niegan a creer en él.

El que lo resucitó de entre los muertos, nos resucitará también a nosotros, si cumplimos su voluntad, si caminamos según sus mandamientos y amamos lo que él amó, absteniéndonos de toda clase de injusticia, engaño, avaricia, calumnia, falso testimonio, «no devolviendo mal por mal, ni injuria por injuria» (1 Pt 3, 9), golpe por golpe, maldición por maldición, memorando la enseñanza del Señor que dijo: No juzguéis para no ser juzgados; perdonad y os será perdonado; sed misericordiosos para recibir misericordia; con la medida con que midáis, os será medido (cf. Mt 7, 1; Lc 6, 36-38) y: Bienaventurados los pobres y los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (cf. Mt 5, 3. 10).

San Policarpo, obispo y mártir