Juan es la voz. En cambio, del Señor se dice: «En el principio era el Verbo» (Jn 1, 1). Juan es la voz que pasa, Cristo es el Verbo eterno que era en el principio.
Si a la voz le quitas la palabra, ¿qué queda? Donde no hay sentido inteligible, lo que queda es simplemente un sonido vago. La voz sin palabra golpea, es cierto, el oído, pero no edifica el corazón.
Veamos al respecto cuál es el procedimiento que se verifica en la esfera de la comunicación del pensamiento. Cuando pienso lo que debo decir, en el corazón florece de inmediato la palabra. Al querer hablarte, busco de qué manera puedo hacer entrar en ti esa palabra que se encuentra dentro de mí. Le doy sonido y así, mediante la voz, te hablo. El sonido de la voz te lleva el contenido intelectual de la palabra y, después de haberte revelado su significado, se desvanece. Pero la palabra llevada a ti por el sonido está ya en tu corazón, sin haberse, no obstante, alejado del mío.
¿No te parece, pues, que el mismo sonido que ha sido portador de la palabra te dice: «Él debe crecer y yo, en cambio, disminuir» (Jn 3, 30)? El sonido de la voz se ha hecho oír al servicio de la inteligencia y luego se ha ido, casi diciendo: «Mi alegría se ha cumplido» (Jn 3, 29). Mantengamos firme la palabra, no perdamos la palabra concebida en el corazón.
¿Quieres constatar cómo la voz pasa y la divinidad del Verbo permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Lo impartió y luego se fue. Pero el bautismo de Jesús continúa administrándose. Todos creemos en Cristo, esperamos la salvación en Cristo: esto quiso significar la voz.
Y, dado que es difícil distinguir la palabra de la voz, el mismo Juan fue tenido por el Cristo. La voz fue creída la Palabra; pero la voz se reconoció como tal para no causar daño a la Palabra. No soy yo, dijo, el Cristo, ni Elías, ni el profeta. Se le respondió: ¿Pero tú quién eres? Yo soy, dijo, la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor (cf. Jn 1, 20-23). Voz del que clama en el desierto, voz del que rompe el silencio.
Preparad el camino, significa: Yo resuono con el fin de introducirlo a él en el corazón, pero él no se digna de venir donde quiero introducirlo, si no le preparáis el camino.
¿Qué significa: Preparad el camino, si no: pedid como se debe? ¿Qué significa: Preparad el camino, si no: sed humildes de corazón? Tomad ejemplo del Bautista que, tomado por el Cristo, dice no ser aquel en quien los otros creen. Se cuida bien de aprovechar el error de los otros con fines de una afirmación personal suya. Y, sin embargo, si hubiera dicho ser el Cristo, habría sido fácilmente creído, pues se le creía tal antes aún de que hablara. No lo dijo, reconociendo simplemente lo que era. Preciso las debidas diferencias. Se mantuvo en la humildad. Vió justo dónde encontrar la salvación. Comprendió de no ser sino una lámpara y temió de ser apagada por el viento de la soberbia.
De los «Discursos» de San Agustín, obispo
Si a la voz le quitas la palabra, ¿qué queda? Donde no hay sentido inteligible, lo que queda es simplemente un sonido vago. La voz sin palabra golpea, es cierto, el oído, pero no edifica el corazón.
Veamos al respecto cuál es el procedimiento que se verifica en la esfera de la comunicación del pensamiento. Cuando pienso lo que debo decir, en el corazón florece de inmediato la palabra. Al querer hablarte, busco de qué manera puedo hacer entrar en ti esa palabra que se encuentra dentro de mí. Le doy sonido y así, mediante la voz, te hablo. El sonido de la voz te lleva el contenido intelectual de la palabra y, después de haberte revelado su significado, se desvanece. Pero la palabra llevada a ti por el sonido está ya en tu corazón, sin haberse, no obstante, alejado del mío.
¿No te parece, pues, que el mismo sonido que ha sido portador de la palabra te dice: «Él debe crecer y yo, en cambio, disminuir» (Jn 3, 30)? El sonido de la voz se ha hecho oír al servicio de la inteligencia y luego se ha ido, casi diciendo: «Mi alegría se ha cumplido» (Jn 3, 29). Mantengamos firme la palabra, no perdamos la palabra concebida en el corazón.
¿Quieres constatar cómo la voz pasa y la divinidad del Verbo permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Lo impartió y luego se fue. Pero el bautismo de Jesús continúa administrándose. Todos creemos en Cristo, esperamos la salvación en Cristo: esto quiso significar la voz.
Y, dado que es difícil distinguir la palabra de la voz, el mismo Juan fue tenido por el Cristo. La voz fue creída la Palabra; pero la voz se reconoció como tal para no causar daño a la Palabra. No soy yo, dijo, el Cristo, ni Elías, ni el profeta. Se le respondió: ¿Pero tú quién eres? Yo soy, dijo, la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor (cf. Jn 1, 20-23). Voz del que clama en el desierto, voz del que rompe el silencio.
Preparad el camino, significa: Yo resuono con el fin de introducirlo a él en el corazón, pero él no se digna de venir donde quiero introducirlo, si no le preparáis el camino.
¿Qué significa: Preparad el camino, si no: pedid como se debe? ¿Qué significa: Preparad el camino, si no: sed humildes de corazón? Tomad ejemplo del Bautista que, tomado por el Cristo, dice no ser aquel en quien los otros creen. Se cuida bien de aprovechar el error de los otros con fines de una afirmación personal suya. Y, sin embargo, si hubiera dicho ser el Cristo, habría sido fácilmente creído, pues se le creía tal antes aún de que hablara. No lo dijo, reconociendo simplemente lo que era. Preciso las debidas diferencias. Se mantuvo en la humildad. Vió justo dónde encontrar la salvación. Comprendió de no ser sino una lámpara y temió de ser apagada por el viento de la soberbia.
De los «Discursos» de San Agustín, obispo