La palabra de Dios es viva y eficaz. «La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de doble filo» (Heb 4, 12). ¡Qué grande es el poder y la sabiduría contenidos en la palabra de Dios! El texto es altamente significativo para quien busca a Cristo, que es precisamente la palabra, el poder y la sabiduría de Dios. Esta palabra, coeterna con el Padre desde el principio, fue revelada a su tiempo a los apóstoles, por medio de ellos fue anunciada y acogida con humilde fe por los pueblos creyentes. Es, pues, palabra en el Padre, palabra en la predicación, palabra en el corazón.

Esta palabra de Dios es viva, y a ella el Padre ha dado el poder de tener la vida en sí misma, ni más ni menos como el Padre tiene la vida en sí mismo. Por lo cual el Verbo no solo es vivo, sino que también es vida, como él mismo dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).

Es, por tanto, vida, es vivo, y puede dar la vida. En efecto, «así como el Padre resucita a los muertos y da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere» (Jn 5, 21). Y da la vida cuando llama al muerto desde el sepulcro y dice: «Lázaro, sal fuera» (Jn 11, 43).

Cuando esta palabra es predicada, mediante la voz del predicador, otorga a su voz, que se percibe exteriormente, la virtud de operar interiormente, de modo que los muertos recobran la vida y renacen en la alegría de los hijos de Abraham.

Esta palabra es, pues, viva en el corazón del Padre, viva en la boca del predicador, viva en el corazón de quien cree y de quien ama. Y precisamente porque esta palabra es tan viva, no hay duda de que también sea eficaz.
Es eficaz en la creación, es eficaz en el gobierno del mundo, es eficaz en la redención. ¿Qué podría ser más eficaz y más poderoso? «¿Quién podrá contar las maravillas del Señor y proclamar toda su alabanza?» (Sal 105, 2). Es eficaz cuando obra, es eficaz cuando es predicada. En efecto, no regresa vacía, sino que produce sus frutos dondequiera que es anunciada.

Es eficaz y «más cortante que toda espada de doble filo» (Heb 4, 12) cuando es creída y amada. ¿Qué cosa, en efecto, es imposible para quien cree, qué cosa es imposible para quien ama? Cuando habla esta palabra, sus palabras atraviesan el corazón, como los agudos dardos, lanzados por un héroe. Entran en profundidad como clavos hincados con fuerza y penetran tan adentro, que alcanzan las intimidades secretas del alma. En efecto, esta palabra es más penetrante que toda espada de doble filo, porque su poder de incisión supera al de la hoja más templada y su agudeza a la de cualquier ingenio. Ninguna sabiduría humana y ningún producto de la inteligencia es tan fino como ella. Es más aguda que toda sutileza de la sabiduría humana y de los más ingeniosos razonamientos.

Baldovino de Canterbury, obispo