Qui tienes la traducción: Quien tiene "los ojos en la frente" no tropieza

Si el alma levantara los ojos hacia su cabeza, que es Cristo, como declara Pablo, deberá considerarse feliz por la agudeza potenciada de su vista, porque mantendrá fijos los ojos allí donde no hay oscuridad del mal.

El gran apóstol Pablo, y otros grandes como él, tenían «los ojos en frente» y así también todos aquellos que viven, se mueven y están en Cristo.

El que está en la luz no ve tinieblas, así el que tiene su ojo fijo en Cristo, no puede contemplar sino esplendor. Con la expresión «ojos en frente», pues, entendemos la mirada dirigida al principio de todo, a Cristo, virtud absoluta y perfecta en cada una de sus partes, y por tanto a la verdad, a la justicia, a la integridad; a toda forma de bien. El sabio, pues, tiene los ojos en frente, pero el necio camina en la oscuridad (Qo 2, 14). Quien no pone la lámpara sobre el candelabro, sino debajo de la cama, hace que para él la luz se convierta en tiniebla. Cuantos se deleitan en realidades perennes y en valores auténticos son considerados necios por quien no tiene la verdadera sabiduría. En este sentido es como Pablo se llamaba necio por Cristo. Él en su santidad y sabiduría no se ocupaba de ninguna de esas vanidades, de las cuales a menudo estamos poseídos enteramente. Dice en efecto: Nosotros locos por Cristo (1 Cor 4, 10) como para decir: Nosotros somos ciegos ante todas aquellas cosas que atañen a la caducidad de la vida, porque fijamos la mirada en las cosas de arriba. Por eso él era un sin techo, no tenía una mesa propia, era pobre, errante, desnudo, probado por el hambre y la sed.

¿Quién no lo habría considerado un miserable, viéndolo en cadenas, golpeado e insultado? Él era un náufrago arrastrado por las olas en alta mar y llevado de un lugar a otro, encadenado. Pero, aunque aparecía tal ante los hombres, nunca desvió sus ojos de Cristo, sino que los mantuvo siempre dirigidos a la cabeza diciendo: ¿Quién nos separará del amor que es en Cristo Jesús? ¿Acaso la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? (cfr. Rm 8, 35). Es decir: ¿Quién me arrancará los ojos de la cabeza? ¿Quién me obligará a mirar lo que es vil y despreciable?

También a nosotros nos manda hacer lo mismo cuando prescribe gustar las cosas de arriba (cfr. Col 3, 1-2) es decir, tener los ojos en la cabeza, es decir, en Cristo.

San Gregorio de Nisa, obispo