Ignoramos el tiempo en que tendrán fin la tierra y la humanidad, y no sabemos el modo en que será transformado el universo. Pasa ciertamente el aspecto de este mundo, deformado por el pecado. Sabemos, sin embargo, por la revelación que Dios prepara una nueva morada y una tierra nueva, en la que habita la justicia, y cuya felicidad saciará sobradamente todos los deseos de paz que suben en el corazón de los hombres. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios serán resucitados en Cristo, y lo que fue sembrado en debilidad y en corrupción vestirá la incorrupción: y permaneciendo la caridad con sus frutos, serán liberadas de la esclavitud del mal todas aquellas criaturas, que Dios ha hecho precisamente para el hombre.
Ciertamente, somos advertidos de que no aprovecha nada al hombre ganar el mundo entero, si luego pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien estimular la solicitud en el trabajo relativo a la tierra presente, donde crece ese cuerpo de la humanidad nueva que ya logra ofrecer una cierta prefiguración de lo que será el mundo nuevo. Por tanto, aunque se debe distinguir cuidadosamente el progreso terreno del desarrollo del reino de Cristo, no obstante, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, tal progreso es de gran importancia para el reino de Dios.
Y en efecto, los bienes, tales como la dignidad del hombre, la fraternidad y la libertad, es decir, todos los buenos frutos de la naturaleza y de nuestra actividad, después de que los hayamos difundido sobre la tierra en el Espíritu del Señor y según su precepto, los encontraremos de nuevo, pero purificados de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando el Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: «que es reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz». Aquí en la tierra el reino ya está presente, en misterio; pero, con la venida del Señor, llegará a perfección.

De la Constitución pastoral «Gaudium et spes» del Concilio ecuménico Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo