Puesto que la virtud de los hombres es juzgada y definida en relación con la salvación, y habiendo sido demostrado hasta ahora que aquellos que han recibido los beneficios de tu misericordia, oh Autor de todo bien, de ti, Omnipotente, han sido fortalecidos; de ti, Protector, a quien todo es posible, han sido llamados y enviados; han beneficiado de tu perdón, oh Liberador; han sido vivificados por ti, oh Incorruptible, sin sufrir ninguna corrupción, y han sido iluminados por ti, oh Renovador; por esto, conociendo cuál es mi naturaleza humana, ruego que pueda encontrar refugio en ti, Cristo, Hijo del Dios viviente, totalmente Bendito.
Además, haciendo ahora mención del versículo que se ajusta a esta oración, encuentra justificación lo que he escrito anteriormente: lancémonos en los brazos del Señor y no en los de los hombres, porque cual es su grandeza, tal es también su misericordia (Sir. 2, 22).
En este mi libro de Lamentaciones no deseo en absoluto menoscabar el mérito de aquellos que obtienen la salvación, porque no es posible llegar a Dios sin méritos.
Ma yo quiero glorificar el Nombre del Salvador y alabar su gracia dirigida a todos, y con mis palabras declaro a todos aquellos que a través de una vida buena ascendieron a gran honor, que siempre ha sido necesario el remedio de tu misericordia.
Puesto que tú eres la Vida, tú la Salvación, tú la Salud, tú la Inmortalidad, tú la Bienaventuranza, tú la Iluminación!
Concédenme el descanso del tedio de mis pecados, para que también tú puedas descansar del llanto y de mis súplicas molestas, que te inquietan continuamente, oh mi Juez.
Puesto que no te alegras de otra cosa que de la salvación de los hombres, Bendito en los siglos, Amén

Del Libro de las Lamentaciones de S. Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia