Veamos lo que dice la palabra de Dios, que no adulona a nadie, a los pastores que cuidan más de pastar a sí mismos que a las ovejas: «Os nutríais de la leche, os vestíais de lana, matabais a las ovejas más gordas, pero no apacentabais el rebaño. No fortalecisteis a las ovejas débiles, no curasteis a las enfermas, no vendasteis a las heridas, no hicisteis volver a las dispersas. No buscabais a las descarriadas, sino que las conducíais con crueldad y con violencia. Por culpa del pastor se dispersaron y son presa de las bestias salvajes: se han desbandado» (Ez 34, 3-5).
   A los pastores, que apacientan a sí mismos en lugar del rebaño, se les hace reproche por lo que pretenden y por lo que descuidan. ¿Qué pretenden, pues? «Vosotros os nutríais de la leche y os cubríais de lana». El Apóstol se pregunta: «¿Quién planta una viña sin comer de su fruto? ¿O quién apacienta un rebaño sin comer de la leche del rebaño?» (1 Cor 9, 7). Veamos, pues, que por la leche del rebaño se entiende todo lo que el pueblo de Dios ofrece a sus jefes para procurarles el sustento temporal. En efecto, de esto quería hablar el Apóstol con las palabras que he citado.
   En verdad, el Apóstol, aunque hubiera preferido mantenerse con el trabajo de sus propias manos y no buscara la leche de las ovejas, sin embargo reclamó el derecho de tomar la leche, porque el Señor había dispuesto que los que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio (cf. 1 Cor 9, 14). Y al respecto afirmó que los otros apóstoles, sus colegas, habían hecho valer este derecho, ciertamente legítimo, no abusivo.
   Él fue más allá, renunciando incluso a lo que le era debido. Con esto no se dice que los otros hayan pretendido una cosa indebida, sino simplemente que él quiso hacer más de lo que era estrictamente requerido. Quizás el que condujo al posada al herido y dijo: «Lo que gastes de más te lo reembolsaré a mi regreso» (Lc 10, 35), quería indicar precisamente esta conducta del Apóstol.
   ¿Qué diremos de los pastores que no exigen leche del rebaño? Que son más generosos que los otros o mejor que ejercen más ampliamente que los otros la generosidad pastoral. Lo pueden hacer, y lo hacen. Alaben a estos, sin embargo, no condenen a los otros. En efecto, el mismo Apóstol no buscaba donativos, y sin embargo quería que los fieles fueran operosos y productivos y ricos en frutos.

Del «Discurso sobre los pastores» de San Agustín, obispo