Si pedimos cosas buenas según Su voluntad, estemos seguros: Dios es muy bueno y nos concede todo.

Amadísimos, esto os he escrito para que sepáis que poseéis la vida eterna, vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios.

Esta es la confianza que tenemos en él: que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.

Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no conduce a la muerte, pida, y Dios le dará la vida; esto a los que cometen un pecado que no conduce a la muerte: hay un pecado que conduce a la muerte; de este no digo que se pida. Toda injusticia es pecado, pero hay un pecado que no conduce a la muerte.

Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca: el que ha nacido de Dios se guarda a sí mismo, y el maligno no lo toca. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para conocer al Dios verdadero. Y estamos en el Dios verdadero y en su Hijo Jesucristo: él es el Dios verdadero y la vida eterna.

Hijos, guardaos de los ídolos falsos!

San Juan, apóstol