El Padre de nuestro Señor Jesucristo, en su infinita bondad, es infinitamente superior a todas las cosas creadas. Soberano supremo cual es, con su sabiduría y con su Verbo, es decir, con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, gobierna, ordena y crea en todo lugar todas las cosas, según lo que conviene a su justicia. En efecto, es justo que las cosas sean como son, y que se cumplan como las vemos cumplidas. Pues es él quien ha querido que todo suceda de esta manera y nadie puede tener un motivo razonable para negarlo. En efecto, si el movimiento de las cosas creadas ocurriera sin razón y el mundo girara a ciegas, no se debería creer nada de lo que ha sido dicho. Pero si el mundo ha sido organizado con sabiduría y conocimiento y ha sido llenado de toda belleza, entonces se debe decir que el creador y el artista es el Verbo de Dios.
Pienso en el Dios viviente y operante, en el Verbo del Dios bueno, del Dios del universo, en el Dios que es distinto y diferente de todas las cosas creadas y de toda la creación.
Él es el único y propio Verbo del Padre, él que ha ordenado el universo y lo ha iluminado con su providencia. Él es el Verbo bueno del Padre bueno. Él es quien ha dado orden a toda la creación, conciliando entre sí los elementos opuestos y componiendo todo armónicamente. Él es el único, el Unigénito, el Dios bueno, que procede del Padre como de fuente de bondad y ordena y contiene el universo.
Después de haber hecho todas las cosas por medio del Verbo eterno y haber dado existencia a la creación, Dios Padre no deja ir a la deriva lo que ha hecho, ni lo abandona a un ciego impulso natural que lo haga caer en la nada. Pero, bueno como es, con su Verbo, que es también Dios, guía y sostiene el mundo entero, para que la creación, iluminada por su guía, su providencia y su orden, pueda persistir en el ser. Antes bien, el mundo se hace partícipe del Verbo del Padre, para ser por él sostenido y no cesar de existir. Esto ciertamente sucedería si no fuera conservado por el Verbo, porque él es «imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura» (Col 1, 15); pues por medio de él y en él consisten todas las cosas, tanto las visibles como las invisibles, pues él es la cabeza de la Iglesia, como en las Sagradas Escrituras enseñan los ministros de la verdad (cf. Col 1, 16-189.
El omnipotente y santísimo Verbo del Padre, penetrando todas las cosas, y llegando a todas partes con su fuerza, da luz a toda realidad y todo contiene y abraza en sí mismo. No hay ser alguno que se sustraiga a su dominio. Todas las cosas de él reciben enteramente la vida y de él en ella son mantenidas: las criaturas singulares en su individualidad y el universo creado en su globalidad.
San Atanasio, obispo