El Señor siempre ha estado con nosotros desde siempre

Conocemos una triple venida del Señor. Una venida oculta se sitúa, en efecto, entre las otras dos que son manifiestas. En la primera, el Verbo fue visto en la tierra y se entretuvo con los hombres, cuando, como él mismo afirma, lo vieron y lo odiaron. En la última venida «todo hombre verá la salvación de Dios» (Lc 3, 6) y verán al que traspasaron (cf. Jn 19, 37). Oculta es, en cambio, la venida intermedia, en la que solo los elegidos lo ven en sí mismos, y sus almas son salvas por ella.

En la primera venida, pues, él vino en la debilidad de la carne; en esta intermedia viene en la potencia del Espíritu; en la última vendrá en la majestad de la gloria.

Por tanto, esta venida intermedia es, por así decirlo, un camino que une la primera con la última: en la primera Cristo fue nuestra redención; en la última se manifestará como nuestra vida; en esta es nuestro descanso y nuestra consolación.
Pero para que a nadie parezcan acaso cosas inventadas las que estamos diciendo de esta venida intermedia, escuchadle a él: Si uno me ama, dice, guardará mi palabra: y mi Padre le amará, y vendremos a él (cf. Jn 14, 23). Pero ¿qué significa: Si uno me ama, guardará mi palabra? He leído, en efecto, en otro lugar: El que teme a Dios, hará el bien (cf. Sir 15, 1), pero de quien ama se dice algo más: que guardará la palabra de Dios. ¿Dónde debe guardarse? Sin duda en el corazón, como dice el Profeta: «Guardo en mi corazón tus palabras, para no pecar contra ti» (Sal 118, 11).
Puesto que son bienaventurados los que guardan la palabra de Dios, tú guárdala de modo que descienda a lo profundo de tu alma y se infunda en tus afectos y en tus costumbres. Nutre de este bien y de él sacará delicia y fuerza tu alma...

San Bernardo