Yo sé bien cuál es vuestra familiaridad con las Sagradas Escrituras y cómo nada ignoráis: yo mismo no soy de tanto. Me basta recordaros lo que la Escritura dice: Iraos, pero no pequéis (cf. Sal 4, 5) y: «El sol no se ponga sobre vuestro enojo» (Ef 4, 26). Bienaventurado quien se acuerda de ello: y yo creo que eso ocurre realmente entre vosotros.
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el mismo Jesucristo, Hijo de Dios y sacerdote eterno, os hagan crecer en la fe y en la verdad y en toda dulzura, sin ira, en la paciencia y en la longanimidad, en la fortaleza y en la castidad. El Señor os conceda compartir la herencia de sus santos, y lo conceda, junto con vosotros, también a nosotros y a todos aquellos que, bajo el cielo, creerán en el Señor Jesucristo y en su «Padre que lo resucitó de entre los muertos» (Gal 1, 1).
 Orad por todos los creyentes. Orad también por los reyes y las autoridades y los príncipes, por aquellos que os persiguen y os odian y por los enemigos de la cruz, para que vuestro fruto sea manifiesto en todo y seáis perfectos en él.
Me escribisteis, tanto vosotros como Ignacio, que si alguien se dirige a Siria lleve también vuestra carta; lo haré, apenas se presente la ocasión. Iré yo mismo o enviaré a alguien a llevarla. Como habéis pedido, os transmitimos las cartas de Ignacio, tanto la dirigida a nosotros como las otras que conservamos, y las adjuntamos todas a nuestra presente. Podréis sacar de ellas gran fruto porque contienen fe, fortaleza y todo lo que contribuye al crecimiento en el 
Señor nuestro. De vuestra parte, comunicadnos lo que habéis aprendido con certeza tanto de Ignacio como de sus compañeros.
He dictado esta carta a Crescente, a quien ya os recomendé personalmente y a quien ahora vuelvo a recomendaros. Su conducta con nosotros fue irreprensible y creo que lo será también con vosotros. Os recomiendo también a su hermana, cuando venga entre vosotros. Permaneced firmes en el Señor Jesucristo y su gracia sea con todos vosotros. Amén.
 
De la «Carta a los Filipenses» de san Policarpo, obispo y mártir