Fugge de las malas artes y habla en público contra ellas. Recomienda a mis hermanas que amen al Señor y que se contenten con sus maridos en las cosas materiales y espirituales. Igualmente exhorta en el nombre de Jesucristo a mis hermanos a «amar a sus esposas como el Señor a la Iglesia» (Ef 5, 25).
Si alguien es capaz de vivir en perfecta castidad en honor de la carne del Señor, que permanezca en humildad. Si se jacta de ello, está perdido. Si además quisiera considerarse superior al obispo, ya está perdido. Conviene que los hombres y las mujeres que se casan contraigan su unión con la aprobación del obispo, para que su matrimonio sea según el Señor y no según la concupiscencia. Todo se haga en honor de Dios.
Tened respeto al obispo y Dios tendrá respeto por vosotros. Yo ofrezco mi vida por aquellos que están sometidos al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. ¡Pueda yo tener parte con ellos en Dios! Esforzaos unos con otros, combatid juntos, corred juntos, sufrid juntos, descansad juntos y levantaos juntos, como administradores, asistentes y servidores de Dios. Buscad agradar a aquel por el cual militáis y del cual recibís el salario; y no haya entre vosotros ningún desertor.
Vuestro bautismo sea como un escudo, la fe sea vuestro yelmo, la caridad la lanza, la paciencia la armadura completa. Vuestro depósito sean las buenas obras, para que podáis recibir a su tiempo la recompensa a la que tenéis derecho. Sed pacientes unos con otros en la dulzura, como Dios lo es con vosotros. ¡Pueda yo gozar siempre de vosotros!
La iglesia que está en Antioquía de Siria, como me ha sido referido, por mérito de vuestras oraciones goza ahora de la paz. Así también yo me siento más tranquilo en la entrega a Dios y mi único deseo es alcanzar a Dios a través del sufrimiento, para ser hallado vuestro discípulo en la resurrección. Sería bueno, oh Policarpo bendecido por Dios, convocar una asamblea escogida y elegir a uno a vosotros muy querido y celoso que pueda ser llamado embajador de Dios. Este tenga el encargo de ir a Siria a hacer conocida vuestra incansable caridad, a gloria de Dios. El cristiano no es dueño de sí mismo, sino que está al servicio de Dios. Esta obra, si quisiereis cumplirla, es de Dios y vuestra. Confío que, con su gracia, estéis dispuestos a ejecutar una buena obra en honor de Dios. Os he dirigido una breve carta de exhortación, porque conozco vuestro ardiente amor por la verdad.
No he podido escribir a todas las iglesias porque tuve que partir de improviso de Tróade a Neápolis de Macedonia, según las órdenes. Escribe tú a las iglesias de la región oriental, tú que conoces la voluntad de Dios, para que ellas también hagan lo mismo. Aquellas que puedan envíen mensajeros, las otras al menos cartas, y las confíen a aquellos que tú enviarás, y de ello tendéis bien justamente gloria eterna.
Os deseo que estéis bien siempre en Jesucristo nuestro Dios: en él permaneced en la unidad y bajo la vigilancia de Dios. Estad bien en el Señor.
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir