Jerico es rodeada, es necesario que sea conquistada. ¿Cómo, pues, es conquistada Jerico? No se usa la espada contra ella, no se empuja el ariete, ni se lanzan los dardos, se usan solamente las trompetas sacerdotales y con ellas son derribadas las murallas de Jerico.
En las Escrituras encontramos frecuentemente que Jerico es tomada como imagen del mundo del mal y del error. De hecho, también en el evangelio, donde se dice que un hombre había descendido de Jerusalén a Jerico y se había encontrado con los ladrones, sin duda estaba contenida la imagen de aquel Adán que del paraíso había sido expulsado al exilio de este mundo. Y también los ciegos que se encontraban en Jerico, a los que se acercó Jesús para darles la vista, representaban la imagen de aquellos que en este mundo estaban afectados por la ceguera de la ignorancia y a los que se encontró el Hijo de Dios. Por lo tanto, esta Jerico, es decir, este mundo, deberá terminar. Y de hecho, la consumación del mundo ya ha sido revelada hace tiempo en los libros santos.
¿De qué manera será destruido? ¿Con qué instrumentos? «Con las voces de las trompetas», dice. ¿De qué trompetas? Pablo te revela el secreto de este misterio. Escucha lo que él dice: Sonará, exclama, la trompeta, y los que han muerto en Cristo, resucitarán incorruptibles, y el Señor mismo al mandato, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta descenderá del cielo (cf. 1 Cor 15, 52; 1 Tes 4, 16). Jesús nuestro Señor vencerá, por lo tanto, a Jerico con el sonido de las trompetas y la aniquilará de tal manera que de ella se salvará solamente la mujer pecadora y toda su casa. «Vendrá», dice, «el Señor nuestro Jesús y vendrá al sonido de la trompeta».
Y salvará a aquella sola que acogió a sus exploradores, aquella que, después de haber recibido a los apóstoles en la fe y en la obediencia, los ha colocado en los lugares más altos, y unirá y conjuntará a esta mujer pecadora con la casa de Israel. Pero no recordemos más a la memoria y no le atribuyamos la vieja culpa, no la imputemos más. En otro tiempo fue una pecadora, ahora en cambio, como virgen casta, ha sido unida a un solo hombre casto, Cristo. De ella descendía también aquel mismo que decía: También nosotros en otro tiempo éramos necios, incrédulos, errantes, sujetos a toda clase de pasiones y deleites (cf. Tt 3, 3).
¿Quieres aprender, aún más extensamente, de qué manera la pecadora ya no es más pecadora? Escucha entonces a Pablo que dice: También vosotros ciertamente fuisteis todo esto, pero habéis sido purificados, habéis sido santificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios (cf. 1 Cor 6, 11). Para que, pues, pudiera salvarse y no perecer con Jerico, recibió de los exploradores un eficacísimo signo de salvación: una cordel de color escarlata: signo de que por medio de la sangre de Cristo es salvada la Iglesia universal en el mismo Jesucristo nuestro Señor, al cual pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Orígenes, sacerdote