Todos nosotros conocemos el poder de Dios que domina los acontecimientos
En el Jordán el arca de la alianza guiaba al pueblo de Dios. Se detiene la fila de los sacerdotes y los levitas y las aguas, como por reverencia a los ministros de Dios, detienen su curso y se acumulan en un montón rígido, concediendo un paso sin daño al pueblo de Dios. Ahora no te maravilles, oh cristiano, cuando te sean referidos estos acontecimientos concernientes al pueblo hebreo, dado que a ti, que has salido del Jordán por medio del sacramento del bautismo, la palabra divina te promete cosas mucho más grandes y elevadas, y te ofrece un viaje y un paso hacia el cielo, a través del éter. Escucha, de hecho, a Pablo que dice acerca de los justos: «Seremos arrebatados entre las nubes para ir al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Ts 4, 17). No hay absolutamente nada que el justo deba temer. Toda criatura, de hecho, le está sujeta.
Escucha, por último, cómo también por medio del profeta Dios lo asegura diciendo: Si pasaras a través del fuego, la llama no te quemará, porque yo soy el Señor tu Dios (cf. Is 43, 2). Por lo tanto, todo lugar acoge al justo, y toda criatura le ofrece el debido servicio. Y no creas que estas cosas han ocurrido solo entre los hombres que te precedieron, como si para ti, que ahora estás escuchando estas cosas, no pudiera ocurrir nada similar: todo se cumplirá en ti según un plan misterioso.
Me dirijo ahora a ti, que, habiendo abandonado las tinieblas de la idolatría, deseas darte a la escucha de la ley divina y comienzas a salir también tú de Egipto.
Cuando fuiste agregado al número de los catecúmenos y comenzaste a obedecer a los preceptos de la Iglesia, te alejaste del Mar Rojo, y deteniéndote en las distintas etapas del desierto, te aplicaste cada día a escuchar la palabra de Dios y a contemplar el rostro de Moisés, hecho resplandeciente por la gloria del Señor. Llegarás a la fuente mística del bautismo y, cuando la fila de los sacerdotes y los levitas haya tomado su lugar, serás iniciado en aquellos venerables y espléndidos sacramentos, conocidos por aquellos a quienes está permitido conocerlos. Entonces, cruzado el Jordán por medio del ministerio de los sacerdotes, entrarás en la tierra prometida, en la cual después de Moisés te recibe Cristo.
Él mismo te será guía para tu nuevo viaje.
Entonces, recordando tantas y tan grandes maravillas de Dios, entenderás que para ti se ha dividido el mar y se detuvo el agua del río. Te dirigirás a estos elementos y dirás: ¿Qué tienes tú, oh mar, que te has retirado? Y tú, oh Jordán, que te has vuelto en sentido inverso? ¿Por qué vosotros, montes, habéis saltado de alegría como carneros, y vosotros, colinas, como corderos de un rebaño? Responderá la palabra divina y dirá: Desde la aparición del Señor fue sacudida la tierra, desde la aparición del Dios de Jacob, que transformó la piedra en un pozo de agua, y la roca en manantiales de aguas (cf. Sal 113, 5-8).
Orígenes, sacerdote