El amor del Señor a través de los labios del sacerdote

Tus sermones sean fluidos, puros, cristalinos, para que tu enseñanza moral suene dulce a los oídos del pueblo y la gracia de tus palabras conquiste a los oyentes para que te sigan dócilmente a donde los conduzcas. Tu discurso esté lleno de sabiduría. También Salomón afirma: Los labios del sabio son las armas de la Sabiduría, y en otro lugar: Que tus labios se adhieran bien a la idea: es decir, que la exposición de tus discursos sea lucida, que brille claro el sentido sin necesidad de explicaciones añadidas; que tu discurso sepa sostenerse y defenderse por sí mismo y que no salga de ti palabra vana o carente de sentido.

Santo Ambrosio